Saberes Ancestrales Femeninos
Viva la Diosa es una Escuela Virtual para Mujeres dedicada a los Saberes Ancestrales Femeninos.
Un espacio de formación, transmisión y experiencia viva, creado para acompañar a las mujeres en el recuerdo de su esencia, su poder y su linaje sagrado.
Durante muchos años, Viva la Diosa funcionó de manera presencial, a través de círculos, ceremonias, fuegos, retiros, viajes y experiencias profundas compartidas en el Templo Femenino Viva la Diosa, ubicado en Vaqueros, Salta, Argentina.
Con el tiempo, y respondiendo al llamado de expansión, este camino se transformó en una Escuela Viva de Saberes Femeninos, para poder llegar a más mujeres que resuenen con este sendero, sin perder la raíz, la profundidad ni el espíritu del templo.
Hoy, la Escuela se expresa a través de una plataforma virtual, que permite que esta sabiduría ancestral continúe viva, accesible y encarnada, más allá de las fronteras físicas.
Mi propósito es acercarte un pedacito de la MAGIA FEMENINA que durante años se vivió y se transmitió de manera presencial en el Templo, para que hoy puedas:
Conectarte profundamente con tu esencia femenina
Reconocer y activar tu poder personal y espiritual
Honrar y recordar tu linaje ancestral
Habitar tu sagrado femenino con conciencia y presencia
Formarte y prepararte para acompañar a otras mujeres
Acceder a herramientas, recursos y saberes para integrar en tu vida y compartir
Viva la Diosa es una escuela para recordar, encarnar y expandir la sabiduría femenina ancestral en el mundo actual.
Resumirme sigue siendo un desafío, no por fragmentación, sino por amplitud.
Soy una mujer en permanente expansión, con la capacidad de renovarme sin perder mi centro. Mi fuego es consciente, mi visión es amplia y mi intuición es profunda. Habito la transformación no como búsqueda, sino como estado natural del alma.
Hoy ya no camino los misterios: los gobierno.
Conozco mis sombras, mis fuegos internos y mis silencios. Sé cuándo convocar el aquelarre y cuándo sostener el vacío. Mi curiosidad se ha vuelto sabiduría encarnada; mi sed de conocimiento, discernimiento; mi alma salvaje, presencia soberana.
Soy mujer de linaje.
Guardiana de los saberes femeninos, de la Tierra y de los ritmos que sostienen la vida. Acompaño procesos de cierre y renacimiento, sosteniendo a mujeres que atraviesan el pasaje de lo viejo a lo verdadero. No rescato: recuerdo. No empujo: habilito. No guío desde arriba: camino al lado.
Ya no me nombro desde la entrega que se desborda, sino desde el servicio con límites, estructura y propósito. Mi medicina no nace del sacrificio, sino de la experiencia integrada, del cuerpo vivido, del tiempo transitado.
Soy mujer de este tiempo.
Madre, creadora, sostén y visión. Habito lo cotidiano con la misma dignidad con la que habito lo sagrado. He aprendido a unir mundos sin perderme en ninguno. Mi vida no se fragmenta: se ordena.
Nací un 22 de julio, fecha que honra a María Magdalena, maestra del amor consciente y del liderazgo femenino espiritual. Hoy reconozco que ese pulso no fue una casualidad, sino una marca de origen.
Antes de poder nombrarlo, mi camino ya estaba trazado.
No vine a buscar quién soy.
Vine a encarnar lo que recuerdo.
Vine a abrir senderos, a fundar espacios, a sostener campos donde otras mujeres puedan reconocerse reinas de su propia vida.